El Bicentenario: la rentabilidad de la Historia Nacional

Posteado en 1:14 pm | Categorias: Opinion Obrera

No sé ustedes, pero yo me declaro harta: ahora resulta que todo, absolutamente todo, es conmemorativo de los Centenarios. Con nuestra independencia declarada pero con una identidad no resuelta, con nuestra revolución inconclusa y millones de estómagos tan vacíos como hace cien años, al licenciado que trabaja de presidente se le ocurre que tenemos mucho que celebrar.

Lo curioso es que, en uno de los sexenios más sangrientos, inestables y carentes de nuestro país, el presupuesto destinado a estas celebraciones no revela nuestra realidad. Dudo mucho que en los países de primer mundo existan gastos semejantes. Claro, ellos no tienen nada que demostrar. Y al sr. Calderón, tan conmemorativo, no le falta nada: tiene su guerra intestina y su fiestita absurda, como su antecesor directo, Dn. Porfirio (aunque la comparación no cabe, pues el General tiene otros méritos).

Evidentemente, todo el mundo está haciendo su agosto. La celebración se convierte en pretexto, en capital político, en estrategia de marketing y en distractor. Hay que ver el fútbol -doscientos años después México le concede a España la revancha-; hay que coleccionar las monedas de héroes desconocidos u olvidados; hay que inaugurar obras inútiles y mal planificadas y, por supuesto, no hay nada mejor para celebrar nuestra mexicanidad que comprar un automóvil alemán. Nuestro país está de fiesta… ¿cómo se irá a poner la cruda?

Pequeña y gran literatura

Posteado en 9:15 pm | Categorias: Opinion Obrera, incultura, literatura

Hay muchos tipos de libros: graciosos, entretenidos, conmovedores, tristes, eficientes, transgresores, originales, clásicos… Hay libros que se leen y no se comprenden. Hay libros que se escriben para vender.

Pensaba en esto porque leí, consecutivamente, Mil grullas y Sputnik, mi amor. Se trata de dos novelas de autores japoneses. El primero, Kawabata, recibió el premio Nobel, pero no goza de gran celebridad. El segundo, Murakami, es el autor de moda.

Ante la primera novela viví el asombro: cada palabra estaba cargada de intención, la anécdota era lo de menos en una historia basada en la belleza de los instantes. Con Murakami nunca logré conectarme: los artificios eran tan obvios que yo no podía evitar la distancia crítica: veía, por ejemplo, que tiene sus propios lugares comunes (la relación lésbica, el soft-porn, el amor imposible, la intención de crear personajes extravagantes con los que los lectores hipsters quieran identificarse). De momento pensé que Murakami es, quizá, un autor que se pasará el resto de su vida queriendo calcar sus primeras letras. Eso no le resta celebridad, del mismo modo que a Kawabata, su capacidad para escribir una obra de arte no le gana el favor del público.

Sin embargo, Murakami representa al escritor que se rebela ante la literatura. Al que escribe con eficiencia, para vender y,  a pesar de ello, se da el lujo de parecer un literato con manías, con voz propia e intención estética particular. Y es que estamos en la era de la pequeña literatura. La otra, la de verdad, parece snob.

Es posible que se necesiten estos contadores de historias. No niego que son entretenidos. Sólo quisiera saber si existe alguien tan notado como Murakami, que sea realmente el autor de nuestro tiempo. Muchos están escribiendo libros, pero, ¿quién está haciendo literatura?

Pregunto muy en serio, ¿quién?

La historia de Amandititita vs. Disquerototota

Posteado en 4:48 pm | Categorias: Musica, Opinion Obrera

Si alguien escribe sobre mitos urbanos, ésa es precisamente Amandititita: en su repertorio desfilan la Mataviejitas, los personajes de la vida cotidiana y las celebrities región 4 que fabrica nuestra televisión. Aunque sus letras remiten a algunos de los creadores que ella misma reconoce como sus influencias directas – Jaime López, Silvio Rodríguez, La Maldita, el escritor Guillermo Fadanelli y Rockdrigo-, no sólo por el uso del lenguaje coloquial, sino por la crítica manifiesta a ciertos modos sociales, era curioso notar que sus canciones eran tomadas como una broma más que como una burla. De alguna manera, cuando yo escuchaba a la gente referirse a las rolas de Amandititita, me daba la impresión de que se reían de un chiste que realmente no estaban entendiendo.

amandititita1 Volví a pensar en ello cuando la veía promocionar su tono de celular, y cuando la vi asistir a ciertos programas de Televisa, donde era, el mejor de los casos, entrevistada torpemente  (en el peor, simplemente ignorada). Por un momento no supe cómo interpretar las cosas, ¿sería posible que Amanditita fuera un producto más de la televisora y, a la vez, cantara burlonamente que no podía serlo? ¿O sería tal vez que hay compromisos que no se pueden eludir una vez que uno le ha vendido su alma a una transnacional? Esta disyuntiva no podía perdurar demasiado, como explica la propia compositora: “fue muy desafortunado para mí la mercadotenia que me dieron, me lastimó verme entre la mierda y ahora estoy tratando de remediarlo , por lo que estoy en una fuerte demanda con SONY”.

Mi pregunta era, ¿qué es realmente la anarcumbia? ¿Una forma de entretenimiento, una crítica? ¿Ambas? La propia reina me explica cuáles eran sus verdaderas intenciones: “la música es un pretexto, lo que importa son las letras;  me gusta que sea cumbia y próximamente será regional mexicano, porque [quienes lo escuchan] son las personas que necesitan reírse, que tienen una vida muy jodida y a ellos les compongo; a mí no me importa estar en el Vive Latino, no quiero que me quieran los intelectuales: quiero que me quieran los subordinados porque son los que necesitan letras distintas que hablan [de algo] más [que] del amor o el desamor”. De ello no me queda duda, de hecho, me encantaría ir a una fiesta de barrio en la que se bailara al ritmo de aquél sentido verso de “odio a mi jefe y matarlo yo quisiera”.

Pero, ¿se puede tener una propuesta irreverente y, al mismo tiempo, integrarse a la cultura de masas? “Mi música es comercial” –explica Amandititita-  “tiene un tinte social oculto, pero hay canciones comerciales con este pretexto entro y hablo de cosas importantes;  yo quiero sonar en la radio, y al mismo tiempo componer libremente, ¿será un sueño?” En este punto pienso en un caso quizá semejante: Botellita de Jerez,  que comenzó desafiando los límites de lo que se consideraba rock pero en un punto no pudo evitar caer en las garras de Luis de Llano. Recuerdo haber oído de Amandititita en programas de chismes, y recuerdo un video de su diario electrónico en el que decide cortar por lo sano con la televisora que hasta ese momento le había dado pantalla: Televisa. Cuando le pregunto acerca de su experiencia con los medios, recuerda cómo llegó a ese punto en su carrera:  “mira, a mí me mandaban y yo llegaba hasta ahí para hablar de mi música, pero en varias ocasiones sólo querían chistes y burla, entonces era terrible para mí. Yo me la pase muy mal y muy triste”.

Sin embargo, una ruptura de este tipo no es tan simple. El pasado viernes -¿o ya era sábado?- la situación estalló con un nuevo video de Amandititita en su canal personal de YouTube, en el que denunciaba las irregularidades de las que fue víctima en su todavía disquera. Además de carecer de apoyo para promocionar su material, existían contratos desfavorables para la cantante, que declaraba estar dispuesta a renunciar a su carrera musical, con tal de que la compañía le otorgara su carta de retiro. La compositora se manifestó que defenderá la libertad de expresión y, por supuesto, su propia integridad como artista y persona. Eso fue el inicio de la desigual lucha entre Amandititita y una disquerototota.

¿Cuál fue la raíz del conflicto? Según la anarcumbiera intelectual (como la califica Wikipedia), “que hago lo que me da la gana, compongo lo que quiero, con los músicos que quier, que no permito que nadie que no sea mi amigo y que yo admire me diga lo que tengo que hacer, no me dejo manejar y eso les resulta insoportable”. Cuando le pregunto qué hubiera esperado de su compañía disquera, responde: “una relación mas profesional, un manager que realmente se interesara en mí, menos comisiones y mas apoyo”. ¿Era mucho pedir? Posiblemente, sobre todo cuando pensamos que la industria del espectáculo en México se define por ganancias. ¿Una propuesta nueva reportaba tanto dinero como los artistas fabricados de siempre? Difícil saberlo, o imposible, mientras las disqueras y televisoras no apuesten por lo primero.

Aun así, Amanditita sabe que cuenta con el apoyo de otros medios: “[es] una lucha, pero yo cuento el apoyo de los periódicos Reforma El Universal y en New York Times han publicado notas buenas de mi trabajo; el Internet me ayuda y realmente los medios no son el problema, [sino] la manera en la que te manejas ante ellos”.

Lo que se avecina para la reina de la Anarcumbia no será fácil: al parecer, ya comienza el proceso legal y su separación de la graaaan transnacional es inminente, con todo lo que ello implica. A pesar de todo, ella se muestra optimista ante el futuro: “me veo feliz, es lo único que veo: haciendo canciones cuentos , dibujos… libremente, en medios de comunicación inteligentes; lo único que necesito es el apoyo de mis fans, que me sigan el twitter y en mi diario electrónico y ellos estarán conmigo en mi camino, viviendo el día a día”.

Los medios impresos, ¿deben morir?

Posteado en 7:43 pm | Categorias: Opinion Obrera

Es cierto que en cuanto algo nace lleva en sí mismo su propia muerte, sin embargo, es curioso que cuando se trata de fenómenos culturales -sean corrientes artísticas o civilizaciones enteras- nos apresuremos a anticipar el final. La idea del Apocalipsis es recurrente y ante los cambios, por mínimos que sean, creemos ver el signo de la desaparición. Sin embargo, los presagios suelen ser exagerados y erróneos; para muestra, dos botones: el rock -considerado una moda pasajera- y el PRI -que, mal que nos pese, sigue vivito y coleando-.

Puede suceder, eso sí, que surja algo nuevo que sustituya lo anterior, y es en este punto en el que quiero detenerme, aplicándolo a un caso particular: ¿realmente las nuevos soportes de la información reemplazarán a los antiguos? O, más específicamente, ¿los cibertextos terminarán por suplantar a los textos impresos?

Es probable que la mayoría responda inmediatamente que sí, que los tiempos han cambiado y hay que dar paso a la tecnología. Sin embargo, hay un par de cosas que no se han observado lo suficiente, y que podrían definir la permanencia del papel.

La primera es un detallito que a nadie se le había ocurrido: los medios impresos operaron durante mucho tiempo como modelos del uso lingüístico. Supongo que muchos hemos escuchado anécdotas de los viejos correctores de estilo, que tenían como Biblia el manual de su respectivo periódico o revista, que pernoctaban en las oficinas de la publicación luego de haber cumplido su labor, justo a tiempo para el cierre de la edición. Todos hemos visto, creo, alguna fe de erratas, en la que se ofrecía disculpas al lector por un error producto del descuido, que aunque ya estuviera publicado debía ser corregido.

Esto ya no sucede.

Los medios se han convertido en una fuente siemprecambiante y vertiginosa. No hay tiempo para elaborar una nota, lo que se necesita es el dato, la información inmediata. El lector se enfrenta  a la sobre-exposición textual sin reflexionar que no todo lo escrito es cierto o está necesariamente bien escrito. Si lo que urge es publicar una noticia cuanto antes, no habrá tiempo de revisarla realmente, y si se pierde cuando surge la nueva, tampoco vale la pena corregir los errores hallados a posteriori. Las nuevas generaciones adoptan lo que leen en Internet como modelo lingüístico sin reflexionar que la rapidez y la precisión nunca se han llevado bien.

El otro factor que creo que debería considerarse es mucho más cursi, pero no por ello menos poderoso. El papel y el monitor son experiencias distintas, y lo que no es equivalente no es intercambiable. No vale de nada encontrar la misma informacion en uno o en otro, son soportes distintos y experiencias distintas. Me parece sensato afirmar que la mayoría de los blogstars de hoy se entrenaron leyendo las revistas noventeras de moda, y que su aspiración blogueril también es un intento de incorporarse a ellas -hablando de los profesionales, no de quienes bloguean por afición-. ¿Qué decir de los libros, cuya naturaleza de objeto es inseparable de su contenido, más aún en el caso de la literatura?

Sé que suena retrógrada esta defensa de lo que ya parece obsoleto, pero la realidad es que el proceso editorial tradicional tiene una razón de ser, y no puede -ni intenta- competir con la vorágine de blogs, twitters y ediciones en línea. Creo que la única forma de mudarnos totalmente al planeta web será cuando este cuidado del texto sea parte de la vida virtual, o cuando todo lector cuente con una capacidad de discriminación de las formas y los contenidos que le permita cruzar el pantano sin mancharse.

Paté de Fuá y el rock de otros tiempos

Posteado en 11:26 pm | Categorias: Musica, Opinion Obrera

patedefuaDicen que no se puede ser fan y crítico a la vez. En este caso, me inclino por ser fan: Paté de Fuá es una de las mejores bandas en activo y el que me diga que no es que no los ha escuchado atentamente. Francamente, no recuerdo cómo empecé a escucharlos, pero sin duda fue por recomendación de alguien. Mi verdadero acercamiento vino de verlos en vivo, hace un año, en el Péndulo.

Digo que ese fue el verdadero acercamiento porque antes los conocía como a otro grupo de world music o algo semejante (Mandurrabia diría: de música de Horizonte 107.9). Ya me gustaban, cierto, pero lo que pueden hacer en directo es otra onda: el Yayo, vocalista y compositor, comenta las canciones, involucra al público, presenta a la banda… Es un rockstar. Sumado a ello, en su alineación está el que es, para mi gusto, el mejor bajista mexicano  de nuestro tiempo, cuyo performance es impecable musicalmente, pero también atrayente en otros sentidos: baila con el instrumento y muestra una comunión que sobrepasa el escenario. Contagia pasión, simplemente.

Contra las probabilidades, el espectáculo se sostuvo durante hora y media con repertorio de dos discos. Lo curioso es que sólo uno de ellos estaba a la venta, pero el público conocía muchos de los temas del siguiente material. ¿Cómo? Sencillo: los Patés son un ejemplo de promoción independiente. Itinerantes y todo-terrenos, tocan en librerías fresas, en foros como el Alicia, en el Lunario y en la UNAM; a veces uno paga 500 pesos por verlos, a veces uno se sienta en el pasto de una facultad y los disfruta sin pagar el alquiler. Intérpretes de música popular europea -releída, claro está-, su repertorio lleva en sí mismo la marca del viaje: las sonoridades italianas, argentinas, judías, gitanas y hasta españolas, con su buena dosis de dixieland. No podía ser de otro modo: Paté de Fuá es una banda errante, lo cual la aleja del elitismo que podríamos esperar de quienes interpretan música que, a pesar de haber pertenecido al pueblo en otros tiempos, ahora sirve para dárselas de intelectual, melómano y finolis. Así, los Patés le devuelven a esos géneros su vitalidad, su informalidad y su carácter lúdico: las letras hablan de la nostalgia que produce la visión de un supermercado en el viejo barrio, o de la justificación de los celos patológicos, al ritmo de una tarantela, un tango o un paso doble.pat_de_fu_el_tren_de_la_alegr_a_2009_

Una vez conversaba con una banda en un bar. Ellos hablaban de rock duro y yo de sones jarochos. Uno de ellos me sonrió muy quitado de la pena y me dijo una frase que he usado muchas veces desde entonces: todo es rocanrol. Paté de Fuá es la comprobación de ello: su primer disco, Música Moderna,  me prende tanto como uno de Led Zeppelin por su cadencia y vitalidad. El segundo -ahora sí a la venta-, llamado El tren de la alegría, no decepciona a quienes lo esperamos con tanto entusiasmo. Los Paté no tocan el rock de hoy, sino el que fuera rock en otros tiempos, y recuperan lo que antes lo hiciera popular, generando un sonido atemporal y accesible. Su música simplemente pone de buen humor. Además, el arte de sus discos consiente a los que aún veneramos dichos objetos: bonitas ilustraciones, un diseño amable, las letras de las canciones y una breve historia acerca de cada una. Se trata, todavía, de discos entendidos como experiencia, lo cual es de agradecer por ser algo cada vez menos común.

Se los advertí desde el principio: no se puede ser fan y crítico. Y yo soy fan de Paté de Fuá, muy fan. Si los ven anunciados en algún lugar aprovechen la oportunidad de sentirse en carnaval, en comarca antigua, en algún pobladito italiano, en barrio argentino, en una fiesta popular española… Les garantizo que lo van a disfrutar, que se van a prender y que pedirán más. Todo es rocanrol, ergo, es un hecho que los Paté tienen su grado de rockstarismo.

¿Quién puso el POP?

Posteado en 12:42 pm | Categorias: Musica, Opinion Obrera

popcorncultureclubanimatedEs extraño: de manera consciente o inconsciente construimos nuestra personalidad y en función del ella seleccionamos los signos que la representan. O los que queremos que la representen, que es lo mismo que al revés.

Lo anterior lo digo porque hay algo que nosotros relacionamos mucho con la manera en la que otros nos ven -y la manera en la que queremos que nos vean-: la música. No digan que no, en algún momento de nuestras vidas todos hemos tenido alguna filia inexplicable, un placer culpable y un pecado que esconder. ¿Esconder? Pues sí. Antes muertos que confesar que en el Ipod traemos la rola de Luismi de la noche, la playa, la lluvia y la malacopa.

Me llama la atención que los géneros musicales tienen ciertos estigmas. Si escuchas cumbias eres naco, si escuchas banda eres narco, si escuchas reguetón nunca brillarás en sociedad. Ah, pero eso sí: cualquiera de los que señalan a estos bárbaros del ritmo, a estos prófugos del distorsionador, es perfectamente capaz de ir a una fiesta, perder la cadenita y ponerse a bailar. Y voy a escribir en mi diario, auuuuuuuuuuu…

Pero hay un género que está peleado con casi cualquier cosa. Aunque está relacionado con un cierto estatus socioeconómico, con un tipo de personalidad o con una edad específica, he sido testigo de la discriminación que sufren sus seguidores. He sido testigo de que hasta en las prepas nice, señoras y señores, los adolescentes tienen pena de admitir que son poperos de corazón. Los mayores -y más altos- acusan a los demás; en tono de burla señalan a un inocente que se esconde entre los otros: “Miss, miss, a Fulanito le gusta RBD”. Los otros se ríen y yo compadezco a la víctima.

Sin embargo, eso es mucha hipocresía. Yo confieso abiertamente y sin tapujos -bajo mipopseudónimo, claro- que yo, sí, YO ESCUCHO POP. ¿Eso es malo? ¿Ofende a Dios? ¿Me condena a una eternidad en el infierno? No necesariamente, veamos por qué.

El pop es un género musical como cualquier otro. Menospreciado por los rockeros, diseccionado por los jazzistas, agredido por los blueseros (pero engendrado por todos ellos), ha sido uno de los más prolíficos, versátiles y resistentes. La persistencia del pop se debe, desde mi punto de vista, a dos razones fundamentales. La primera es que combina las bases rítimicas negras con las temáticas de la canción sentimental blanca: la herencia del rock y del blues queda descafeinada y adaptada a la expresión del crooner. ¿Lo mejor de dos mundos? Quizá no, pero sí lo más audible.

Quien menosprecia el pop lo hace porque tiene de él una imagen timbiricha y comercial, pero anula inmediatamente uno de los fenómenos musicales, culturales y mercadológicos más importantes de nuestra era, heredero de gran tradición y generador de cambios sustanciales en otros géneros. Es famosa la anécdota de Bruce Springsteen que, talentoso e independiente, no alcanzaba el reconocimiento hasta que su productor le dijo que compusiera algo que se pareciera a lo que sonaba en el radio. El Jefe relata que lo único que hizo fue sintonizar su radio, escuchar “Thriller”, de Michael Jackson, y luego componer “Born in the USA”, rola que lo catapultaría a la fama y modificaría la historia del rock norteamericano.

Entonces, ¿qué es el pop? ¿Hay buen pop? ¿Cuál es la frontera que lo separa de otros géneros? ¿Cuál es el diagnóstico del pop en español? De eso y más hablaremos en una serie de posts que se inaugura hoy, oh lectores.

Armambo/Armando: la crónica guacarroquera y la sátira en espejo

Posteado en 12:39 pm | Categorias: Opinion Obrera, literatura

portdaguacarroquerDe la poesía se espera lo sublime; de la tragedia, la íntima conmoción; de la novela, apenas lo posible; pero dentro de lo que entenderíamos por cómico cabe casi cualquier cosa. Las situaciones y personajes que nos mueven a la risa lo logran, precisamente, por ser los más humanos de la literatura (o del cine o de la tele, si es que el lector es moderno y gusta más de las imágenes que de las letras).

Esto viene a cuento porque la semana pasada leí el Diario Íntimo de un Guacarróquer, de Armando Vega-Gil. Lo había visto en la librería en la que paso las dos horas que tengo ahorcadas en mi jornada diaria, y no me había decidido a comprarlo por no sé qué extraño pudor o desconfianza. Sin embargo, seguía rondándolo sin poder hojearlo, pues el ejemplar estaba bien envuelto en su respectivo plastiquito de libro nuevo. La curiosidad me venció y lo adquirí, lo cual envió a la lista de espera a varias de mis lecturas presentes (entre ellas la historia del pop que escribió Nick Cohn, cuyo título no consigo reproducir, y Terapia, de Lodge, con el que llevo casi un año sin ir más allá de la mitad).

La novela de Vega-Gil me ganó desde la primera línea -y no de coca, aclaro, pues las primeras líneas aparecen después de la página ciento y pico-. Lo primero que me llamó la atención fue que había un manejo lúdico del lenguaje coloquial (vulgar para algunos, quizá), que le da su personalidad al libro. Por otra parte, la primera anécdota es totalmente fársica y me hizo soltar varias risas indiscretas que llamarnon la atención de la gente que tomaba sus capuchinos light en el cafecito que hay en la librería.

El planteamieto es original: un crítico de rock en busca de inspiración se encuentra con Armambo Güeva-Vil, ex-integrante de la Maquinita de Pachuca, un grupo de rock precursor del género en lengua mexicana -pues decir española sería una imprecisión-. El curioso personaje se encuentra en la más evidente decadencia física y moral, y accede a relatar sus memorias como guacarróquer a cambio de alcohol de ínfima calidad.

A partir de este momento comienza una doble observación: por una parte, el crítico ve desde fuera al decadente rockstar, y éste se observa en el pasado con un humor, pero también con cierta amargura. Tanto el crítico como el protagonista hacen burla de las aventuras y desventuras de los llamados “Maquinitos”, cuyas anécdotas nos mueven a risa en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, en paralelo se presentan, con lujo de mordacidad, todas las debilidades, vicios y contradicciones involucradas en el nacimiento de un grupo musical en un contexto determinado. Armambo se confiesa ignorante como músico, ambicioso, prepotente y hasta impotente; de paso, nos muestra con la misma crudeza los tropiezos de su banda, los manejos cuasimafiosos de la industria del espectáculo en México y las carencias de un público que tolera lo que no debe y ataca lo que no entiende. Así, lo que al principio fue gracioso de pronto adquiere la solemnidad que sólo puede tener lo risible; el autor no deja títere con cabeza, pero empieza consigo mismo: a la mitad del libro Güeva-Vil (”el Armiados”), interpela a quien lo entrevista, en lo que yo considero una recurso inteligente (además de un sacón de onda mayor): al finalizar su relato, le dice directamente “¿Cómo ves, Vega-Gil?” El autor se desdobla en el músico fracasado y en el crítico intolerante, y desde ambas perspectivas muestra un panorama deprimente -aunque cómico, insisto, como lo puede ser siempre la desgracia ajena-. El tono fársico, lejos de restarle profundidad a los temas, los remarca, y no le resta nada a nuestra indignación ante el maltrato de los policías a los jóvenes de baja extracción que van a un toquín, ante la manipulación política de los eventos culturales, ante los malos manejos de los mercenarios del rock o ante la simulación que supone ser una estrella más del canal de las estrellas. Además, el personaje habla también de sus crisis como individuo, del día que participó en un threesome con una top model y se dio cuenta de que “la belleza es una puta mentira, que la mentira es una belleza puta, que las putas son unas mentirosas bellas”.

Entonces, ¿qué es lo que representa este libro? ¿Es realidad o ficción? ¿Cómo es que no podemos evitar vernos reflejados, en un momento determinado, en algún personaje del relato? Novela o crónica, autobiografía o autocrítica, el Diario Íntimo de un Guacarroquer es, sin duda, un libro que atesorarán los fanáticos de la extinta revista Mosca, pero no sólo es eso. Es, además, un retrato de la realidad del país durante los últimos treinta años, desde otra perspectiva: la del rocanrol. Que sea un retrato al que se le pintaron bigotes es lo de menos: no deja de ser una representación muy fiel. Tanto que hace reír. Tanto que no hace reír.

Los rumbos musicales de la red

Posteado en 12:46 pm | Categorias: Fabrica de mitos, Musica, Opinion Obrera, video

Hace no mucho tiempo entre la época de los medios analógicos y la del nacimientos de los digitales, descubrir música nueva era algo muy diferente a lo que es hoy, digamos muy artesanal estos eran algunos de los escenarios mas comunes:

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  1. Escuchabas una rola en la radio, en una fiesta o película la tarareabas, descubrías de quién era y si tenias la suerte de que el dueño de dicha grabación era tu amigo te daba un KCT para que al disfrutaras, también aplicaba la técnica de grabar desde el radio o de la tele. si ahorrabas lo suficiente ibas comprabas el disco o kct completo para darte cuenta que solo te gustaba esa rola y el rato se te hacia mala.
  2. Como buen melómano te la pasabas horas buscando en las tiendas de discos o revolviendo las cintas en el chopo hasta que encontrabas a tu músico favorito el cual sabias que si valía la pena.
  3. Cuando los otros dos casos fallaban miserablemente y tu bolsillo lo permitía importabas el disco con un amigo que viajaba o en alguna tienda de discos que ofreciera este servicio.

¡Que aburrido! deben de pensar los que nacieron en la época de los medios Digitales, pero en 1997 todo cambio… con la popularización de un formato de compresión de audio el cual no demeritaba notablemente la calidad de la música y además hacia posible pasar rolas completas en un tiempo considerable, si el MP3 (¡¡ya tiene mas de 10 años!!) .

Entonces te metías a los foros de discusión a ver que había de nuevo, y pasarte las rolas estaban los canales de IRC y el ICQ (que era muy superior al messenger de msn), todo era entre cuates un club de tobi musical virtual, tenía sus inconvenientes ya que debías estar en muchos grupos para poder tener rolas de varios géneros y una sola canción podía tardar hasta 40 minutos en transmitirse.

napster1Pero todo eso cambio con el nacimiento de un programa que como toda gran idea fue hecho casi de accidente, Napster, tenia su cliente de chat ,su buscador de rolas y su sección de descubre nueva música, fue algo así como la primer red social en forma ya que compartías tus rolas con los demás y ellos contigo de una forma tremendamente sencilla, los tiempos de descarga bajaron a 20 minutos (es que yo tenía modem telefónico que quieren) todos fuimos felices pero ….

Llegaron las disqueras o más bien las asociaciones encargadas de derechos de autor y nos arruinaron (o eso intentaron) la fiesta a todos, demandaron a napster, metallica fue uno de los grupos que mas ataco a este software y finalmente lograron que este fuera de pago y todo mundo salto a diferentes barcos como Kaazaa, limewire, audiogalaxy, sharebear, los torrents etc etc

Pues se vivía en una incomoda tranquilidad, ellos demandando y los programadores inventado sistemas que evitaran rastreos y demandas, luego vino Myspace y los músicos dijeron ¡hey! esto del internet si hace que la gente vaya más a nuestro conciertos nos compre mas mercancía y valore la música, y las disqueras seguían sin entender entonces trataron de tumbar a Myspace pero una persona muy colmilluda llamado Ruperth Murdock compro myspace y lo hizo legal y lo volvió negocio además de borrar todas las rolas que tuvieran copryrigth en cuentas de los chavos o personas que no tuviera los derechos, pero en el 2005 todo cambiaria nuevamente con un servicio que al principio se ideo como una competencia de sopa de videos o cámara escondida, pero la gente de internet siempre le encuentra nuevos usos para todo.

Youtube entonces muchos comenzaron a hacer sus videos personales pero además suben las rolas o videos de sus artistas favoritos convirtiendo al servicio de videos en la mas gigantesca y completa video rockola del mundo, y esta vez no solo saltaron las disqueras si no también las televisoras que veían invadido su mercado ante el embate de la gente que prefería ver monitos pixelados (en un principio ahora la calidad es genial) pero la gran diferencia es que ellos pueden elegir exactamente que ver, que si edgar se cae , que si a queen y su alguien mas muerde el polvo , a un chavo rumano tocando el acordeón, que a un reportero de tv azteca q se cae a un charco, ya parecía marcado el destino de youtub como el de napster pero llego google lo compro y pago millonarias sumas por mantenerlos ahí y ahora todo mundo tiene a su alcance prácticamente casi cualquier rola. Es más hasta James Ulrich le gusto esta explosión de gente subiendo vídeos ya sea de ellos o de la gente interpretando sus rolas, ya hasta hicieron un canal de videos oficial de youtube de metallica, el cual no enlazo por que sigo enojado con ellos por quitarme mi napster pero el video de el si lo pongo no soy tan ardilla.

Y no se detiene la cosa , ya mucha gente ah dejado de bajar mp3 para optar por servicios de streaming como spotify, pandora y last.fm, pagas una suscripción mensual y puedes escuchar un completo catalogo de música siempre disponible y sin desperdiciar tus valiosos gigas de disco duro para los llenes ahora de fotos y videos, además donde quiera que estés porque sus servicios serán (digo serán por que acá en México todavía no permiten su uso) combatibles con iphones, ipods, blackberrys y telefonos con android…

Me encantan los viniles pero la inmediatez de la música es lo mío.

Being Erica O La Take-That-Leap Attitude

Posteado en 11:28 am | Categorias: Caja idiota, Opinion Obrera

Recuerdo que cuando era niña veía una serie canadiense. Nunca entendí bien si era comedia o era drama, ni el nombre exacto, pero eran las aventuras de dos mejores amigas en su paso de la pubertad a la adolescencia. En ese entonces todas las chicas de la edad nos identificábamos con una o con la otra y teníamos en nuestra mejor amiga al complemento de la dupla. Yo era Buzzy y tenía a mi Amanda y no nos perdíamos el show, enfocado en las anécdotas típicas de la llamada edad de la punzada.

Traigo esto a cuento porque los canadienses no son precisamente reconocidos por su capacidad para hacer comedia, pero sí por lo impecables que pueden resultar sus programas, y por lo bien fundamentados que están desde una perspectiva psicológico-humanista. Pienso en un par de caricaturas, pienso en este programa de mi adolescencia (Ready or not, se llamaba) y ahora pienso en un nuevo show que me llama la atención: Being Erica.

“Es que soy yo”, dice el atrapado televidente. “Sí, eres tú”, pienso yo, “eres tú y cualquiera de tu generación, que padece temor al futuro, temor profesional, temor al compromiso, temor al autoconcepto…” Temor. Si su miedo es justificado o no es algo que rebasa este post, lo que me llama la atención es que los canadienses lo lograron de nuevo: tomaron unos buenos libros de psicología y crearon un personaje cuyas patologías son adecuadas para atrapar a un cierto target. Bandala dice que en cualquier reunión de su generación hay alguien en terapia, alguien divorciado y alguien que habla de caricaturas de antaño. Esta sitcom explota este recurso y nos muestra a una desubicada mujer que, cuando pierde el rumbo de su vida, cuenta con la ayuda de un terapeuta que la hace volver al pasado para retomar las lecciones no aprendidas. Al emplear un elemento que resulta cotidiano para la gente de treinta y algo, pareciera que la fórmula canadiense apostara mucho más a la identificación emotiva con la protagonista que al efecto cómico en sí.

Como podría esperarse, en ambos shows -Ready or not Being Erica- es muy claro el mensaje aspiracional, el consejo televisivo: para las pubertas era esperar, no tener miedo al cambio, vivir todo a su tiempo. Para los adultos contemporáneos es simplemente no frustrarse, seguir avanzando. Saltar. Me llama la atención que en todos los capítulos exista al menos alguna referencia a enfrentar un miedo que se relacione con el salto como metáfora del atrevimiento. Los canadienses pretenden animar a una generación paralizada a avanzar, a vivir, pues la siguiente ya viene empujándoles -o contagiándose de su miedo-.

La serie en sí no es mala. El caso es que resulta mucho más significativa para los que están en esa etapa o para los que ya pasaron por ella. Lo que me llama la atención es que está empleando todos los recursos de nuestros tiempos en favor de la verosimilitud: Erica Strange, el personaje principal, tiene su feisbuc, escribe -o narra- un videoblog y, en fin, es una adulta contemporánea en toda la extensión de la palabra. Un personaje muy logrado, cabe señalar, y una serie al alcance de todos, pues a través de los sitios de internet que la promocionan uno puede acceder a todos los capítulos de forma gratuita.

Muchos temas pueden surgir a partir de esto. ¿Qué papel ha t0mado la psicología en la vida cotidiana de nuestros tiempos? ¿Qué tan malinterpretada es? ¿Qué problemas produce esto? ¿Se acuerdan los tiempos de los abuelos en los que vivir sólo era vivir?

En fin, les dejo los links del programa por si les entró la curiosidad.

La página oficial, con el link para ver los episodios de la primera temporada:http://www.cbc.ca/beingerica/

La página en feisbuc: http://www.facebook.com/cbcbeingerica?ref=ps

El blog de Erica: http://www.beingerica.ca/

La tele en tiempos de crisis

Posteado en 10:35 am | Categorias: Caja idiota, Opinion Obrera

Hoy tomaba el café de la mañana, le hacía piojito a Nino y veía la tele: en el monitor una mujer hace una llamada para decirle a una madre divorciada que le ayudará a pagar sus deudas, aunque sea con una cantidad modesta. Luego, elige a alguien del público y le da dinero, sin que tenga que concursar, pues sabe que no tiene empleo. Hay gritos y lágrimas, hay agradecimiento, pero sobre todo, hay frases enfáticas y reveladoras. “Son tiempos difíciles, pero pronto todo será mejor”, dice la presentadora, cuidadosamente desaliñada, educadamente informal.

Ustedes pensarán que lo que yo veía eran las repeticiones de “Laura en América” o cualquiera de sus variantes. Si les dijera que no, insistirían en que, al menos, el show debe ser latinoamericano. Yo sonreiría y les respondería que mi asombro mañanero (junto con lágrimas que no pude reprimir porque a solas soy más cursi que de costumbre) fue producido por un programa norteamericano: The Ellen Degeneres Show.

ellen23“WHAAAAAAT?”, exclamarán ustedes, tan bilingües. Pues como lo oyen. Y yo no creo que sea una estrategia de rating. Lo que yo vi en la mañana fue, para mí, un signo de los tiempos que se viven. Si los gringos necesitan este tipo de programas, a nosotros, ¿quién podrá defendernos?

Lo curioso es que vi el show con cierto agrado. Vale la pena darle esperanza a la audiencia, pensé. Vale la pena prender la tele y encontrar a alguien que te da una palabra de aliento, y que le regala a quien lo necesita una cantidad simbólica. Sin embargo, de inmediato me pregunté si esa fórmula televisiva podría aplicarse en nuestro país. Me respondí categóricamente que no

“WHY NOOOOOOT?”, dirán ustedes, que sí fueron al Harmon Hall. Pues por una razón muy simple: en México toda beneficencia televisiva genera suspicacia. No puede ser de otra manera: el público televidente conoce cómo funcionan los mecanismos de poder en el ámbito de la comunicación. Cualquier intento de programa buena onda sería descalificado de inmediato, por provenir de donde seguramente provendría. Me pasa a mí con el Teletón, por ejemplo, que apoya una noble causa, sí, pero ¿a qué precio?

Ellen Degeneres es una comediante querida por el público americano. Fue, creo, la primera mujer en declararse lesbiana abiertamente, en su propio show de comedia. Los gringos no le agradecieron tanto la apertura como la honestidad, y desde entonces Ellen ha mantenido su lugar entre los consentidos del público gringo. Su caridad y sus palabras de esperanza son creíbles y aceptadas porque vienen de alguien en quien se puede confiar. No hay atole con el dedo y, como se sabe, para los norteamericanos eso es fundamental: la ley es la ley, fair is fair.

A nuestra América -la Latina- no le ha quedado ni eso. Recibimos palabras de gente con mucha cola que le pisen, ¿cómo sacar de ello la esperanza que necesitamos? ¿Con qué autoridad moral puede Gloria Trevi decirnos que no tengamos miedo, que hagamos lo que siempre hemos hecho, cuando a nadie le queda totalmente claro cuál fue su grado de responsabilidad en los hechos que la llevaron a prisión? Eso es sólo un ejemplo: lamentablemente, los paladines televisivos sonríen y nos chulean -”señora bonita”, “gran familia mexicana”- pero nos desprecian y nos dan la espalda, se burlan de nosotros, nos venden cosas en las que no creen, nos ridiculizan con parodias siempre crueles y hacen todo por distinguirse de nosotros. A pesar de eso, luego quieren decirnos qué hacer con nuestro cuerpo o por quién votar. Y por si fuera poco, vigilan tan poco sus propias conductas que tenemos que enterarnos después de su propia falta de civismo: los vemos en revistas después de iniciar peleas callejeras o al fallar la prueba del alcoholímetro o el antidopping.

Hoy veía a Ellen dar dinero desde un programa del que ella misma es productora y pensaba “¡qué bueno sería tener en la tele una fuente de esperanza en estos tiempos tan caóticos!” Después reflexioné y creo que me conformaría con tener una tele honesta y bien hecha, aunque no me hablara bonito, aunque no me regalara nada. Los gringos, en su crisis, están respaldados por todos los frentes. A nosotros, mexicanos en particular y latinos en general, nos ataca hasta la televisión.

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